Vivir Dublín

PLAYAS DE BALBRIGGAN

De arena, roca y piedras

sucesión de playas en litoral,

cercándolas prados de un verde vivo

en días soleados.

Paseo las praderas, 

niños rodando por el césped,

jugadores de golf,

y un torreón cilíndrico de piedra.

En el horizonte, una niebla funde 

cielo y mar, a medida 

que declina el sol, se hace más intensa.

Corre una fresca brisa

antes de anochecer.

Me invade una primaveral belleza.

POSTAL DEL RÍO LIFFY EN DUBLÍN

Estas sendas del Liffy que aquí ves,

son las mismas que tú y yo paseamos

de la mano cogidos, 

tarareando a Mózart, 

latiendo juntos nuestros corazones,

abiertas las sonrisas.

Antes tus dedos gráciles 

bailaron con el lápiz 

para pintar mi rostro,

después una familia 

de grullas de papel 

cobro vida surgiendo de tus manos.

Ahora, 

aunque a distancia, 

unidos para siempre

en el recuerdo y la belleza

de Dublín y su río.

DUBLÍN EN PRIMAVERA

El aire se serena

y viste de hermosura y luz no usada.

Fray Luis de León

Durante cinco días vemos brillar el Sol.

Cesa el viento. 

Algún bar pone mesa

y silla al aire libre.

El río Liffy sube y baja al ritmo  

de las mareas.

Fluye la paz.

El punto de luz de una estrella,

la luna que todo lo alumbra.

Los chicos juegan en la calle

estas noches tibias de marzo.

 

Ya no se ven las agoreras aves,

de los yemas turgentes de los árboles

brotan las verdes hojas,

la gente pasea por los jardines. 

Los rostros brillan de alegría

por esta naturaleza benigna. 

Dublín en primavera .

CITA A CIEGAS EN DUBLÍN

Niñas que me hicieron señas.

Lope de Vega

Marzo en Dublín.

Juego con su teléfono y tecleo,

nos citamos.

Dublín, poco después en el café,

joven alta con sombrero de ala ancha.

Tez rosada. La llamo

y responden las niñas de sus ojos

Recuerdo 

una rubia melena 

y un mal poema con peor final.

Andando 

bajo la lluvia, el sombrero otra vez,

y luego dos besos y un hasta pronto.

Dublín a sus turistas hecha redes.

De nuevo paseamos

y reimos.

Eres de esa Irlanda abierta y callada

que no juzga 

a ninguno para que no le juzguen.

¡Adios!, 

cascada de oro al viento.