Vivir la Paz

EL AJEDREZ DE LA VIDA 

(Fortuna imperatrix mundi)

La fortuna azarosa echa la suerte.

¡Marca la cuna¡

Los hombres, su destino a cuestas,

mayoría peones,

instruidos alfiles,

guerreros a caballo,

los nobles en sus torres,

el rey, la reina.

Es un juego la vida,

movimientos reglados,

mitad tarea,

mitad arte,en símil sublime.

Así, la vida, 

en Ajedrez determinada.

EN AJEDREZ RESUELTA 

 

El hombre,

lleva el destino a cuestas.

La existencia es un juego,

tanto labor como arte,

en ajedrez resuelta.

NAUFRAGIO 

En su fortín cada uno.

Con torres defendidas por alambrada y revólver,

venablos arrojando al que se acerca,

ira saliendo de sus ojos encendidos

desconociendo su propia zozobra,

en este mar bravío en que vivimos.

El hombre que sus miedos no domina,

se destruye a si mismo.

Jamás esa violenta furia que nos ciega,

siempre, la guerra es un naufragio,

siempre, la vida es un prodigio,

un bien indestructible, para todos.

EL DESTELLAR DE ESPADAS SOBRE YELMOS

Si quieres la paz prepárate para la guerra. (Proverbio latino)

La guerra es la política por otros medios. (von Clausewitz)

Si quieres la paz ,trabaja para la paz. (M. Ghandi)

 

El destellar de espadas sobre yelmos,

caballos que relinchan embistiéndose ansiosos,

lanzas que ensartan escudos y pechos,

cuerpos exangües pudriéndose al sol,

la negra sangre que ensucia la tierra.

 

Las mujeres del Ática y Lisístrata

no quisieron yacer con sus amantes,

hasta que no dejaran sus armas en reposo,

en una más de las épicas luchas

que tanto han fascinado a los humanos,

en su mágico viaje por la historia.

 

 

La Paz surge en la pelea del hombre frente

a las tinieblas de su yo.

EL MURO Y LA MURALLA

El hombre para ahuyentar sus miedos

levanta murallas, muros que le aíslan del Otro.

Después de las tres vueltas

a Jericó,

a sones de trompeta, 

cayó la fortaleza.

Muralla, reja, baluarte y aduana,

fronteras que dividen vidas.

¡Alma¡, derriba los muros del mundo.

EL DISCÓBOLO DE MIRÓN

El disco en la mano. el cuerpo dispuesto,

el músculo tenso lanza un impulso,

el plato surge, alza y planea

al aire libre del estadio olímpico.

 

Aclamaciones de todas las voces

de la Hélade clásica, que nos da el legado

de la Tregua Olímpica a un humano 

mundo en perpetua guerra.