Vivir Wad al Hayara

NO  PIDO  MÁS  QUE  UNA  SONRISA 

(El presente)

A mi familia. 

¿Es ilusión el presente o es siempre un infinito?

El tiempo pasa sobre nosotros calladamente,

un dedo que se tuerce,

las hernias que molestan,

un estómago hinchado,

unas ojeras pronunciadas,

mil pequeñas cosas a las que llamamos envejecer.

¡Estamos instalados en el hoy!,

¡Es por siempre ahora que se nos va de las manos

en veloz sucesión de instantes!

Intento que lo vivido no enturbie 

mis futuras vivencias.

¿Es eterno un amigo?, ¿tanto como una vida?

En Wad al hayara el cielo es de un azul luminoso

y en el horizonte se ve en lejanía la cordillera.

También deseo el blancoverdeazul de la mar

y el viento suave del Levante en las mañanas,

me agrada una brisa marina por las tardes

y el mar dorado que hace la vida más bella.

La buena relación con mi familia

me permite tener un pie en las nubes

y ser algo misántropo.

No pido más que una sonrisa,

un libro y la música de los astros.

 

SOTO DEL HENARES. GUADALAJARA

Alborea y la mañana se estrena para mí.

El rocío de la madrugada ha mojado el suelo y la hierba.

Los rápidos del Río de Piedras están cubiertos de espuma blanca;

el murmullo del agua y los trinos de los pájaros me acarician y apaciguan.

Voy cogiendo caracoles por el camino paralelo al Henares y los deposito

fuera de la senda para que no los aplasten.

El frescor húmedo me cala en  este despertar del nuevo día.

El sol no penetra todavía en lo profundo del sotobosque 

esta mañana de primavera.

Las tórtolas y torcaces apenas levantan el vuelo.

Árboles y ramas derribados por la lluvia, el  viento y las crecidas del 

Henares sobre su cauce y márgenes.

Los azulones no aparecen por ningún sitio.

Veo algunos gorriones y un verderón. 

De improviso, una pareja de gansos del Nilo  sobrevuela esta ribera. 

Al instante los rayos del sol iluminan las aguas blancas

y aparecen los patos y conmigo se despereza Natura. 

Luego, converso con el río, mi confidente.

RÍO HENARES  

(Muerto de amores)

Río de Piedras,

¡ay, río Henares!,

a mis amores

tú los acercas.

Son de la Sierra

tus aguas claras,

las aguas limpias,

las aguas frescas.

Esas tus aguas

a mi amor bajan

desde la Sierra

hasta la Alcarria.

Tus nuevos aires,

por verdes sendas

y blancos álamos,

que San Juan trae.

“Avena loca”

por tus riberas

sembró Juan Ruiz:

él se apasiona. 

Muerto de amores

por una dama,

gentil señora,

todo pasiones.

Muy letraherido

cual Arcipreste,

vela el poeta

por sus lirismos.

SIROCO  DE  PRIMAVERA  EN  EL RÍO DE PIEDRAS

Inauguración de la Primavera

A Jesús Aparicio.

Hoy, he visto volar peces en el río,

o tal vez, cómo salían a tomar el sol.

Algunos nadaban en la superficie

mostrando su lomo obscuro.

Uno, emergió la cabeza como periscopio

audaz, que oteara el horizonte.

Muchos, apenas besaban el cálido viento,

descendían

formando olas concéntricas en el agua.

Los continuos saltos por el aire,

el coleo vibrante, en la mañana encendida,

me hacían sonreír y pensar

que la primavera la sienten, la viven

todos los seres y su alegría nos contagia.

ME  RECUERDA  MI  INFANCIA

En mi infancia, Plaza de los Caídos.

"Infantado palacio"en ruinas y con verjas,

logré entrar un día; y unos tonos azules,

rojos, sienas, todo  lo iluminaron

 y sentí el hechizo del arte.

Años más tarde, en el patio, escultor

cincel en mano, 

tallando testas de leones.

Seis viejos pinos ceñían la plaza,

pervive uno, me recuerda mi infancia.

ACOGIÓME  LA  PATRIA  DE  CERVANTES

Con once vueltas de anuario en mi vida,

no pasó la gramática a tortazos,

-las maneras de épocas fenecidas-,

en Instituto “Brianda de Mendoza”.

¡Ay "Guerra de las Galias"!, ¡mi Rubicón de César!.

 Se jubiló Carretero y las mates

cayeron por el suelo.

 A los trece años 

apareció el dilema.

¡Ciencias!, acepté el suicidio con fuerte

dolor del alma.

Acogióme la patria de Cervantes.

 

Nota a pie de página:

"La Guerra de las Galias" la escribio en Latín, Julio César y

durante muchos años ha sido libro de texto de esta asignatura.

César pasó el río Rubicón con su ejército y dijo: "la suerte está echada".

VISTO  Y  NO  VISTO  HA  SIDO

Cuando suena el tercero

de los cohetes,

en la calle se enervan

los corredores que saltan

y corren iniciando

el camino 

a la plaza de toros.

Entre la multitud,

se forma un remolino,

los mozos aceleran,

avanza la manada

y los toros en su huida

atraviesan veloces

las calles convenidas,

van delante otros jóvenes

abriéndoles espacios

en relevo difícil,

la gracia esquiva el trance,

con otros arriesgados.

En el brocal del coso

unos hombres se caen

y la fugaz bandada

bordea dichos cuerpos

en pos de los corrales

que cierran tras su paso.

Limpieza en el encierro,

¡hoy he tocado toro!

musita un corredor,

el encierro pasó,

nos dice un paseante.

Visto y no visto ha sido.

CUENTACUENTOS ALCARREÑO

En el Isabelino patio 

de palacio del Infantado

los actores relatan

magníficas historias,

envueltos por águilas y leones

labrados en los frisos.

Abuelas legendarias

y cándidas muchachas

traslada el fabulista,

encanta con palabras,

al público sonriente.

Rojizas banderolas

ondean en la noche;

circula un aire suave

que mece la voz cálida.

Palique de Perú

nos trae mozas gráciles, 

dicen fácil el cuento.

Se hermanan muchas lenguas

y un humor plácido 

a todos nos envuelve.

Blancas nubes que viajan

en el obscuro cielo.

Ese grupo rockero

en el jardín anexo,

grita su cantinela.

Tumbados en la hierba,

pacíficos muchachos

disfrutan del ambiente.

¡Mañana entra el verano!

MUELA DE ALARILLA

Al subir a la Muela surge el astro rey del horizonte, 

iluminando los campos y aparece una suave y fresca brisa de 

Levante provocada por el propio disco brillante, rojizo y 

anaranjado.

Después del orto, el sol asciende rápido en el horizonte y 

orienta a las escasas nubes con los rayos de sus barbas 

amarillas.

En la subida levanto una pollada de perdices, que se 

descuelgan volando ladera abajo. Es verano  y  huele 

a plantas aromáticas en La Alcarria.

Por Levante y en las faldas del monte está el pueblo 

de Alarilla, ahora en sosiego. Corto ajedrea y me atrae su olor 

intenso y acre. La vegetación es rala, hierbas, matas olorosas y 

pequeños cardos. Hay tres almendros jóvenes con su alcorque 

de piedras.

Estoy solo en  este cerro testigo, ¿el mundo es mío?. Diviso al 

Septentrión todo el inicio del Sistema Central: sierras de La 

Bodera, Alto Rey, Ocejón, Ayllón, Somosierra y Guadarrama.

También al Norte, laderas abajo, en la Campiña, está el río

Henares arrastrando su caudal literario. El río del Heno, va de 

Levante a Poniente y aquí lame esta loma. 

Al Poniente una escultura con esquelas mortuorias.

Muchachos que perecieron en estas vertientes, cual nuevos 

Ícaros, al lanzarse ladera abajo con alas de metal y plástico.

Las notas son emocionantes  y muy poéticas; al pasar a su 

altura, siempre recuerdo lo frágil que es la vida y mucho más 

para los valientes. 

A lo lejos canta un gallo, muy lejos.

Al Sur, la larguísima línea de la Alcarria, con  la misma 

altura que esta Muela de Alarilla  y  delante el también cerro 

testigo de Hita, con rocas y piedras del castillo en la cresta. En 

su falda el pueblo del Arcipreste de "Buen Amor".

Ando despacio y a veces, con el sol un poco más alto,

levanto abejarucos y abubillas. Hoy, las alondras y lavanderas

no levantan vuelo hasta que estoy próximo a ellas, a menudo 

permanecen quedas. Creo que formo parte del paisaje; siento 

como mía esta armonía del mundo que me invade.

VALVERDE DE LOS ARROYOS

Salimos de Guadalajara al rayar el día y en el camino 

cruzamos dos veces el río Sorbe. De repente, vemos en la 

cuneta, muy cerca, a una cierva joven, poco más que un 

“Bambi”, que desafía corriendo a nuestro coche, ahogado en la 

subida, con su trote largo, elástico y grácil y nos supera y 

cruza  la carretera delante de nosotros. Admiramos 

su gran belleza delicada, pues parece muy vulnerable y que, si 

acelerara un poco su galope, sus patas saldrían volando, 

autónomas, en todas las direcciones, navegando por el éter. 

A estas horas y por estos parajes la carretera es nuestra.  

Llegamos a Valverde de los Arroyos de buena mañana, con la 

fresca. Estamos a mediados de Julio, en un día soleado y a más 

de 1200 metros de altitud.

(Como saben, en estos pueblos, las casas son de pizarra

  y se los conoce como los de Arquitectura Negra). Las fachadas 

de las casas de Valverde están llenas de parras, rosales, 

geranios y hortensias, como recién pintadas. El aire está limpio y 

corre una brisa que en la sombra es más fresca. Desde la plaza 

del pueblo se divisa, enfrente, la cresta del pico Ocejón que está

 al NO.  

A finales de la primavera hemos visto bailar en esta plaza

a los Danzantes de Valverde,- lo hacen desde hace 600 años-, y 

hemos comido roscas dulces que se subastan después de la 

danza.  Muchas veces subimos a las Chorreras del Ocejón y 

siempre regresamos a Guadalajara  fascinados  y en 

comunión espiritual con estos paisajes tan bellos y serenos;  

y nos  sentimos hijos de la madre naturaleza.

CHORRERAS DEL OCEJÓN

De la plaza de Valverde subimos a lo alto del pueblo y nos 

recibe un prado llano rodeado de huertas con frutales; los 

manzanos -con fruta verde y menuda- y los cerezos -rojo vivo

sobre verde obscuro-. A principios de abril hemos visto estos

 mismos árboles llenos de flores blancas y rosadas, mientras

 nevaba, en medio de un circo montañoso.

Siguiendo el camino a las Chorreras, ascendemos

y enseguida topamos con castaños y robles. Seguimos un hilo

 de agua -a veces entubado-, que nos marca el camino. El agua

 cristalina, corre y canta ladera abajo y su murmullo 

nos acompaña todo el camino hasta los  Chorros.

En el camino mariposas anaranjadas con manchas marrones,

 otras blancas con manchas negras, aquellas cenicientas 

y algunas casi totalmente negras. Vemos también  zarzas 

con moras verdes, algún pino y sobre todo matas y arbustos 

de brezo y helechos. Muchas libélulas sobre el curso acuático.

 Enseguida llegamos a un laderón desde el que se ve 

el agua despeñándose a un km de distancia. En este barranco 

fluye el arroyo que procede de las Chorreras. El valle es angosto

y profundo. Cruzamos un arroyuelo y cogemos otra nueva ladera

 que nos llevará a la meta. La subida es suave; me adelantan

 tres jóvenes que van más rápidos que yo. 

A cincuenta metros de nuestro destino nos recibe 

una monumental noguera, cuya sombra puede albergar

a un centenar de personas y que este año tiene algunas

nueces. Es verano y cae poca agua por la roca;

en Diciembre hemos visto todo el paredón helado. Realmente

el agua se resbala y despeña, dando saltos por un talud

de rocas de pizarra de 87m.de altura. La base de las Chorreras

 donde estamos tiene 1500 metros de altitud. Nos lavamos

y bebemos en la balsa, el álveo que forma el golpe del agua

  contra la roca del suelo, y del que nace el arroyo al que antes

hemos aludido. Entonces  los tres jóvenes que nos precedieron

 inician el descenso. Hoy hemos visto pocos  pájaros,  otras

 veces hay buitres volando por esta sierra. Hemos oído el canto

 de un gallo y el graznido de un córvido.

Frente a la cascada, observamos el talud de pizarras

que nos rodea y que las laderas del valle angostan más todavía.

Sí nos giramos y miramos al fondo de la hondonada vemos, 

una sierra presidida por el Alto Rey.  Todo respira paz. Una paz

 infinita que hacemos nuestra.

HAY UNA PAZ DE SIGLOS EN LA ALCARRIA

Sobre la meseta alcarreña oteo el horizonte

Al norte  las montañas de Alto Rey, Ocejón, Lobo y tres Provincias.

Una mañana de Enero con sol radiante,

anticiclón de invierno.

Encinas centenarias salpican la llanura.  

En las húmedas umbrías, la blanca escarcha,

verdea el trigo. 

En el azul sereno

la estela rosa de un avión, su trueno

rompiendo la barrera del sonido.

En el valle, la urbe y el caserío arriacense, 

en un rincón olivos.

El olivo y la encina, 

árboles legendarios de la tierra mía.

No se divisa el Henares, pegado a las terreras,

arroyos y barrancos, que bajan de estos altos.

Guadarrama en nieve que todo lo domina.

El frío aire que diera al Arcipreste de Hita en su atezado rostro.

El campo solitario en días de descanso.

Hay una paz de siglos en la Alcarria.

FRESCO EL AIRE, LA LUZ MÁS CLARA

(Septiembre en la Alcarria)

El sol con su fulgor eterno

no asciende hasta el cenit, 

doran sus rayos los racimos,

maduran los membrillos, 

secan la nuez.

Tormentas que ahuyentan los calores,

encierros en las calles en fiestas patronales.

Fresco el aire, la luz más clara.

El fruto de septiembre cierra el ciclo

de una cosecha amable que a todos nos alegra.

 

Un valle al sur

con granada en sazón,

vega en Pastrana.